La llegada de la mariposa Monarca MW026 al Santuario de El Rosario, en Ocampo, Michoacán, marcó un momento sin precedentes para la ciencia y la conservación. Equipada con un microtransmisor solar de apenas 60 miligramos, esta mariposa —seguida desde su liberación el 27 de septiembre en Lawrence, Kansas— se convirtió en la primera en completar su travesía hasta México con monitoreo satelital continuo. Su paso por Estados Unidos y México, incluyendo Oklahoma, Texas, Tamaulipas, San Luis Potosí, Guanajuato y Querétaro, permitió documentar con precisión uno de los trayectos migratorios más complejos del planeta.
El Proyecto Colaboración Monarca, apoyado por gobiernos, universidades y organizaciones de Norteamérica, colocó este año transmisores a más de 400 mariposas para rastrear sus movimientos en tiempo real. La hazaña, coordinada por especialistas como David La Puma de Cellular Tracking Technologies, abre una ventana científica sin precedentes. Hasta ahora, la migración se estudiaba mediante etiquetas adhesivas cuyo porcentaje de recuperación era inferior al 1%, un método limitado frente al alcance de la tecnología actual, que incluso permite que cualquier persona siga los desplazamientos mediante aplicaciones móviles.
Los hallazgos también revelan la sorprendente capacidad de navegación de las Monarca, dotadas de dos sistemas complementarios: uno que toma como referencia la posición del Sol y otro basado en luz ultravioleta, capaz de detectar el ángulo del campo magnético terrestre. Investigadores han observado cómo, pese a desviaciones, muchas logran corregir su ruta y retomar el camino hacia los bosques de oyamel del centro del país. Este monitoreo revela trayectos inesperados, velocidades poco estudiadas y decisiones de vuelo que ayudarán a replantear estrategias de conservación.
La migración, sin embargo, enfrenta amenazas crecientes. En los últimos 20 años, las poblaciones han disminuido por factores humanos como la pérdida de algodoncillo en Estados Unidos, la tala ilegal en México, sequías intensificadas por el cambio climático y la reducción de plantas nectaríferas. En la década de 1990, las colonias de invierno en México superaban los 200 millones de ejemplares; hoy, difícilmente alcanzan los 60 millones, con registros recientes de apenas 38 millones. Esta caída ha motivado esfuerzos trinacionales para proteger la ruta migratoria que supera los 4,000 kilómetros.
La temporada 2025–2026 ya comenzó y alcanzará su punto más espectacular entre diciembre y enero, cuando los santuarios registren su mayor concentración. El arribo masivo anual ocurre entre el 8 y el 20 de noviembre, y los accesos turísticos abrirán de manera oficial el 21 de noviembre de 2025. Para millones de mariposas, este refugio temporal concluye en febrero y marzo, cuando emprenden su regreso al norte para continuar con el ciclo migratorio multigeneracional.
Los santuarios turísticos más conocidos —El Rosario y Sierra Chincua en Michoacán, y Piedra Herrada en el Estado de México— registran cada año la visita de cientos de miles de personas que ascienden a más de 3,000 metros de altura para observar el fenómeno. Estos espacios cuentan con guías locales, senderos controlados y medidas estrictas como evitar el uso de flash, no tocar ramas ni mariposas y no emplear drones para reducir el estrés sobre las colonias durante su hibernación.
Especialistas y autoridades ambientales insisten en que las acciones ciudadanas son clave para fortalecer su supervivencia. La plantación de algodoncillo, la reducción de pesticidas, el uso de flores nativas y la promoción de jardines de polinizadores ayudan a las Monarca tanto en México como en Estados Unidos y Canadá. Aunque la superficie de hibernación mostró una recuperación temporal en la temporada 2024–2025, investigadores advierten que esta sigue siendo frágil y vulnerable a las presiones ambientales.
La llegada de MW026 y JMU004 —otra Monarca rastreada que también logró completar su viaje— representa un parteaguas para el estudio de la migración más emblemática del continente. La combinación de ciencia, tecnología y conservación internacional permite vislumbrar un futuro donde el conocimiento detallado de sus rutas contribuya a proteger una especie cuya presencia, además de ecológica, es culturalmente profunda para comunidades como la mazahua, que asocian su llegada con el retorno simbólico de las almas en el Día de Muertos.
