Tras la tradicional partida de la Rosca de Reyes, los pequeños muñecos de plástico que se encuentran en su interior no tienen por qué terminar en la basura ni convertirse en un foco de contaminación. Especialistas y asociaciones ambientales advierten que estas figuras, que representan al Niño Dios, están elaboradas con el mismo material que las taparroscas de botellas, por lo que pueden reciclarse de manera adecuada.

En la zona conurbada Veracruz–Boca del Río, la asociación civil Reciclemos y Ayudemos puso en marcha una campaña para recolectar estos muñecos y darles un destino correcto. El objetivo es evitar que sean arrojados a la vía pública, drenajes o rellenos sanitarios, espacios donde el plástico puede tardar años en degradarse y generar afectaciones al entorno.

Mariana Latapí, presidenta de la asociación, explicó que los muñequitos están fabricados con polipropileno, también conocido como plástico número 5, un material altamente contaminante si llega al mar. Señaló que muchos de estos residuos terminan en cuerpos de agua y afectan a la fauna marina, por lo que su recolección y reutilización resulta clave para reducir el impacto ambiental.

Además de los muñecos de la Rosca de Reyes, Reciclemos y Ayudemos también recolecta otros residuos como vidrio, papel, pilas y electrónicos. Estas acciones buscan fomentar una cultura de separación de basura y reciclaje entre la población, subrayando que pequeñas decisiones cotidianas pueden generar beneficios ambientales de largo plazo.

Organizaciones dedicadas al reciclaje y a causas sociales también aceptan estos muñecos dentro de sus campañas de acopio. Al tratarse del mismo plástico que las taparroscas, pueden integrarse a procesos de reciclaje industrial o utilizarse para apoyar iniciativas sociales, como el financiamiento de tratamientos médicos a través de la recolección de materiales reciclables.

Datos del sector comercial indican que cada año se producen millones de Roscas de Reyes en México, cada una con uno o varios muñecos en su interior. Esto se traduce en toneladas de plástico desechado en pocos días, lo que convierte a esta tradición en un reto ambiental si no se acompaña de prácticas responsables de reciclaje.

Finalmente, asociaciones ambientales recomiendan lavar y secar los muñecos antes de llevarlos a un centro de acopio, separarlos de otros residuos y verificar los horarios de recepción. Con estas medidas, una tradición profundamente arraigada en la cultura mexicana puede mantenerse sin dejar una huella negativa en el medio ambiente.

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