La convocatoria de la llamada Generación Z México para marchar este 15 de noviembre creció rápidamente hasta abarcar decenas de ciudades del país y varios puntos en el extranjero, impulsada por jóvenes que aseguran ser apartidistas y que buscan ejercer una protesta pacífica. Sin embargo, el aumento de actores políticos de oposición sumados a la movilización ha generado tensiones internas, especialmente luego de que el grupo modificara su postura inicial y exigiera la revocación inmediata del mandato de la presidenta Claudia Sheinbaum, aun sin un proceso constitucional.
El pliego petitorio difundido por la organización incluye demandas que expertos consideran inconstitucionales, como elegir a un presidente sustituto por voto directo sin intervención de partidos ni del Congreso. En respuesta a la polémica, Generación Z México se deslindó de cualquier acto de vandalismo y publicó convocatorias para marchas en estados como Aguascalientes, Nuevo León, Sinaloa, Veracruz, Michoacán, Puebla, Jalisco, Chihuahua y Yucatán, además de reunir llamados en ciudades de Estados Unidos, Canadá, Países Bajos y Alemania. La instrucción general para los manifestantes es vestir de blanco.
Las autoridades federales han puesto especial atención en la convocatoria, luego de que la presidenta Sheinbaum afirmara que detrás del movimiento existen actores políticos que buscan aprovechar el descontento juvenil. Aunque aseguró que escuchará las demandas de quienes enfrentan problemas como gentrificación, falta de vivienda asequible y condiciones laborales precarias, también subrayó que la movilización no parece orgánica. Las críticas aumentaron tras difundirse que varios videos del movimiento fueron generados con inteligencia artificial.
En la conferencia presidencial se presentó un informe de Infodemia que señaló que la marcha habría sido impulsada desde cuentas recién creadas y perfiles vinculados a la oposición, así como a influencers internacionales de derecha. También se detectó que la cuenta principal del movimiento fue utilizada en 2024 para difundir mensajes contra el gobierno de Nicolás Maduro y a favor del opositor Edmundo González, lo que alimentó dudas sobre su autenticidad y objetivos reales antes de reactivarse en noviembre con mensajes sobre el asesinato del alcalde Carlos Manzo.
A la par del crecimiento de la convocatoria, sectores de jóvenes que militan en causas laborales y feministas expresaron su rechazo a la protesta, argumentando que el movimiento carece de claridad y podría estar siendo instrumentalizado. Algunos señalaron que la adopción de símbolos como la bandera de Los Sombreros de Paja, popular en protestas juveniles de Asia y África, fue replicada sin un contexto claro, mientras que otros cuestionaron el peso político que podría tener la participación de partidos conservadores.
Expertos en movimientos digitales consideran que la Generación Z en México comparte rasgos con protestas internacionales, especialmente en su organización descentralizada y uso intensivo de redes sociales. Influencers como Amanda Romano, de 22 años, han señalado que temas como la precarización laboral, desigualdad y falta de acceso a vivienda han detonado la necesidad de nuevas formas de protesta entre los jóvenes. Voces como la de Luna, integrante del Frente Nacional por las 40 Horas, remarcan que las condiciones actuales no permiten a su generación proyectar un futuro estable.
Desde Morena, la lectura es distinta. La secretaria de Comunicación, Camila Martínez, afirmó que la marcha se transformó en una movilización con fines partidistas y que varios políticos, incluyendo Vicente Fox, Rosario Robles y Rubén Moreira, se han “montado” en la protesta. También aseguró que la primera convocatoria provino de una página vinculada a una organización política internacional que habría hecho propaganda a la venezolana Corina Machado, figura de la ultraderecha en su país.
Mientras tanto, mediciones internas de Morena muestran que Sheinbaum conserva una buena aprobación entre los jóvenes, con más del 66% entre la generación Z y 73% entre los millennials. Aun así, analistas consideran que la marcha de este 15 de noviembre será un termómetro para medir el verdadero alcance de la inconformidad juvenil y la capacidad de los partidos de influir o apropiarse de los movimientos sociales en la era digital.
