Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos intensificaron esta semana sus operaciones militares en cerca de Venezuela con nuevos ataques contra dos presuntas embarcaciones de narcotráfico, que dejaron un saldo de cinco personas muertas, de acuerdo con el Comando Sur. Con estos hechos, ya suman al menos 104 fallecidos en operativos similares, en una campaña que Washington presenta como parte de la llamada Operación Southern Spear, enfocada oficialmente en frenar el tráfico de drogas en aguas internacionales.
El ataque más reciente se suma a otros dos registrados en días previos, uno el lunes con ocho personas muertas en tres embarcaciones y otro el miércoles con cuatro fallecidos en un solo objetivo. El Comando Sur precisó que las acciones se realizaron por orden directa del secretario de Defensa y que ningún elemento militar estadounidense resultó herido, reforzando el mensaje de control operativo y superioridad militar en la zona.
Sin embargo, el contexto de estas acciones va más allá del combate al narcotráfico. En paralelo, el gobierno de Donald Trump anunció un bloqueo total contra los petroleros sancionados que ingresen o salgan de Venezuela, lo que implicó un despliegue adicional de fuerzas navales en el Caribe y una presión directa sobre el comercio energético del país sudamericano, principal fuente de ingresos de su economía.
Ante esta escalada, Venezuela solicitó de manera urgente la intervención del Consejo de Seguridad de la ONU, que confirmó una reunión para el próximo martes 23 bajo la presidencia rotatoria de Eslovenia. El encuentro permitirá a los miembros del organismo analizar el impacto de las sanciones, el bloqueo naval y el aumento de la presencia militar estadounidense, en un escenario que Caracas considera una amenaza directa a su soberanía.
Desde Washington, la narrativa oficial sostiene que las medidas buscan frenar actividades ilícitas y presionar a gobiernos señalados por su presunta relación con el narcotráfico. No obstante, reportes periodísticos revelan que, al inicio del actual gobierno de Trump, México fue considerado como una opción para acciones militares bajo el mismo argumento, pero la cooperación bilateral en materia migratoria y de seguridad desplazó el foco hacia Venezuela.
De acuerdo con investigaciones del Washington Post, figuras clave como Stephen Miller impulsaron un giro estratégico que dejó atrás la idea de operativos en territorio mexicano para concentrarse en ataques contra objetivos vinculados a Venezuela, ahora con un discurso centrado abiertamente en el control del petróleo y la restitución de activos que Estados Unidos considera “robados”.
Esta reconfiguración de la presión regional también ha tenido efectos colaterales en México, que enfrenta crecientes exigencias políticas para alinearse con la estrategia estadounidense hacia Cuba y Venezuela. Aunque funcionarios de Estados Unidos reconocen avances en la cooperación antinarcóticos, legisladores republicanos han incrementado el cabildeo para condicionar relaciones comerciales y diplomáticas, en un escenario que anticipa nuevas tensiones en América Latina.
