Los hondureños acudieron a las urnas en una jornada determinante para definir si el país continúa bajo el liderazgo de la izquierda o si regresa la derecha tradicional, en medio de acusaciones anticipadas de fraude, un estado de excepción vigente y un inesperado protagonismo del presidente estadounidense Donald Trump. Con más del 53% de las actas escrutadas, los resultados preliminares muestran un virtual empate entre Nasry “Tito” Asfura, del Partido Nacional, y Salvador Nasralla, del Partido Liberal, mientras la oficialista Rixi Moncada cae al tercer puesto, evidenciando un voto de castigo hacia el gobierno de Xiomara Castro.

La intervención de Trump, quien pidió abiertamente apoyar a Asfura y prometió que Estados Unidos solo enviaría ayuda si gana el candidato conservador, alteró el tablero político a pocas horas de la votación. El anuncio del expresidente estadounidense sobre indultar al exmandatario Juan Orlando Hernández, condenado en EE.UU. por narcotráfico, generó un fuerte rechazo social y dividió incluso a sectores del Partido Nacional. Analistas coinciden en que el mensaje de Trump movilizó a votantes, reavivó el sentimiento anti-Hernández y podría haber modificado la participación electoral.

Las tensiones previas se sumaron a un proceso marcado por denuncias simultáneas de fraude tanto del oficialismo como de la oposición. Aunque la jornada electoral transcurrió en relativa calma, las demoras en la divulgación de resultados por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE) avivaron la desconfianza y dejaron a millones de hondureños a la espera del primer boletín oficial. El CNE recordó que los partidos no deben proclamar victorias anticipadas y pidió cautela mientras avanza el escrutinio.

En paralelo, la jornada estuvo influida por un estado de excepción que permanece vigente desde 2022, implementado por la presidenta Castro para enfrentar a las pandillas y al crimen organizado. Organizaciones de derechos humanos han criticado las amplias facultades otorgadas a las fuerzas militares, mientras los observadores internacionales, entre ellos la OEA y la Unión Europea, calificaron el proceso como cívico, pero no exento de tensiones políticas.

Hubo una gran afluencia de votantes este domingo en Honduras.

La caída de Moncada al tercer lugar refleja un desgaste del gobierno de Castro tras una gestión marcada por acusaciones de corrupción, nepotismo y descontento social. Aunque el oficialismo intentó mantener su base movilizada, especialistas señalan que no logró atraer a indecisos ni revertir el desencanto con el rumbo económico y político del país. El impacto de la política exterior del gobierno, especialmente su cercanía con Cuba, Venezuela, Nicaragua y China, también fue determinante en el rechazo de sectores moderados.

Como antecedente clave, Nasralla volvió a denunciar que su elección de 2017 fue robada —acusación nunca demostrada— y centró su campaña en la promesa de erradicar la corrupción y desmontar lo que llama la “élite familiar” que controla el Estado. Asfura, por su parte, ha buscado distanciarse del expresidente Hernández y se comprometió a impulsar inversión y empleo, mientras defiende que el indulto anunciado por Trump es un asunto de jurisdicción estadounidense.

La oposición señala que las provocaciones políticas de las últimas semanas, sumadas a la incertidumbre del recuento, podrían escalar si los resultados finales tardan más de lo esperado. Por ahora, Asfura y Nasralla llaman a sus seguidores a proteger los votos, mientras Moncada afirma que defenderá “hasta el último conteo” y advierte que fijará postura una vez se alcancen resultados completos. El CNE tiene hasta 30 días para emitir la declaratoria oficial.

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