Un violento motín en el penal de Tuxpan, al norte de Veracruz, dejó un saldo de siete reos muertos y once personas heridas, entre ellas internos y custodios. La revuelta comenzó la tarde del sábado y se prolongó hasta la mañana del domingo, cuando fuerzas estatales y federales lograron retomar el control total del Centro de Readaptación Social. El estallido de violencia tuvo como detonante denuncias de extorsiones y agresiones cometidas dentro del penal por integrantes del grupo delictivo Sombra, que opera en esa región del estado.

La Secretaría de Seguridad Pública del estado confirmó que los reos se enfrentaron entre sí y provocaron incendios tanto al interior como en el exterior del penal. Durante más de doce horas, los amotinados tomaron el control del centro penitenciario, en medio de exigencias para que se presentaran defensores de derechos humanos y medios de comunicación. En redes sociales circularon videos donde los internos acusaban directamente a miembros del grupo Sombra por los abusos sufridos, y demandaban medidas urgentes de protección.

Tras lograr recuperar la prisión, la SSP informó que tres internos identificados como parte del grupo agresor fueron trasladados al penal de Pánuco. Además, se confirmó la identidad de los siete reos fallecidos: Edgar Luis Hernández Reina, Elmer Leonel López López, Jesús Eduardo Espinoza Santiago, Edgar Estuardo Acajaban Lacan, Fernando de la Cruz Moctezuma, Roberto García Soto y Eric Augusto Abad Morales. Las once personas heridas, algunas con quemaduras y golpes severos, fueron hospitalizadas en centros médicos de la región.

El motín de Tuxpan es uno de los más graves en la historia reciente del sistema penitenciario veracruzano. Recordó inevitablemente lo ocurrido en abril de 2018 en el penal de La Toma, donde siete personas murieron y más de veinte resultaron heridas durante un operativo para extraer a reos de alta peligrosidad. En ambas ocasiones, las condiciones internas de los penales y la presencia del crimen organizado han sido detonantes de los brotes de violencia.

La situación carcelaria en Veracruz refleja un contexto más amplio de inseguridad en la entidad. Apenas días antes del motín, un taxista fue atacado a tiros en Tuxpan y su padre asesinado en un hospital al intentar defenderlo de un sicario que fingió ser familiar para rematarlo. Este hecho se suma al reciente secuestro y asesinato de Irma Hernández, una maestra jubilada y conductora de taxi, por negarse a pagar cuotas al crimen organizado, caso que conmocionó al país y puso el foco en la violencia sistemática contra transportistas.

Organizaciones civiles y activistas han exigido al gobierno veracruzano revisar a fondo la situación en los penales, así como los vínculos entre grupos delictivos y estructuras internas de las cárceles. Mientras tanto, los familiares de los reclusos fallecidos y heridos esperan respuestas sobre lo sucedido durante las horas más oscuras que vivió el penal de Tuxpan, una muestra más del deterioro de la seguridad y gobernabilidad en los centros de reclusión de la entidad.

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