En muchas ocasiones, se ha buscado comparar a Claudia Sheinbaum con Andrés Manuel López Obrador. Una de las principales críticas que la Presidenta ha recibido de este ejercicio comparativo, es que no tiene ni la milésima parte de carisma y sentido del humor que su antecesor.
De hecho, desde la campaña se mostró como una mujer tremendamente disciplinada, que decidió no salirse ni un centímetro de su guion, al grado de ser señalada por su adversaria Xóchitl Gálvez como una “dama de hielo”. En el primer debate, que no defendió con vehemencia a la 4T la rayuela del periódico La Jornada envió un fuerte mensaje y de inmediato corrigió.
Hoy, instalada en el Gobierno, le toca lidiar con un Donald Trump enfurecido, empoderado y sediento de usar a México como piñata para conectar con su base electoral. Frente al embate de la amenaza arancelaria Claudia Sheinbaum ha dicho en todo momento: Cabeza fría, con todo y el discurso nacionalista (que es para consumo interno), no ha caído en los errores que el Primer Ministro Justin Trudeau, o el Presidente de Colombia Gustavo Petro, y ya ni qué decir de Zelensky con su desastrosa reunión en la oficina oval.
Hoy por hoy, los aranceles se suspenden, por un mes más. Y aunque hay quien dice que esto obedece al impacto que le generaría a la propia economía de Estados Unidos, también hay que resaltar el mérito negociador de este lado de la frontera.
Parece que lo que siempre ha sido visto como una debilidad de comunicación política, es una poderosa herramienta de autocontrol político y una filosofía de vida: Cabeza fría.
Nota: “El buen juez, por su casa empieza”. Hace unos días, la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas publicó un comunicado en el que “conminaban a los medios de comunicación “a portarse bien”, 3 doritos después, el Tribunal Electoral de Veracruz sancionó a Alberto Morales y Pablo Jair, este último, integrante de la CEAPP por violencia política de género ejercida en contra de la Diputada Elizabeth Morales. Desde aquí enviamos nuestra solidaridad a Elizabeth, quien siempre ha sabido sortear la injuria.
Nota 2: Sé de la existencia de Javier Landa desde que reporteaba en las calles de Xalapa. Nadie me contó esto, lo vi con mis propios ojos escabullirse entre la muchedumbre para obtener una declaración periodística del Gobernador, de Diputados, de actores políticos en general. Hoy, que la suerte le sonrió con un efímero cargo de “enlace de prensa”, olvida su modesto origen y se vale del cargo para empujar a una reportera que quería entrevistar a su jefa, Xóchitl Molina, Secretaria de Cultura por haber dejado a un grupo de artesanos indígenas durmiendo en el piso por tres días durante una exposición. De pena ajena, Javier.
