Estados Unidos comenzó a capitalizar políticamente y en materia energética la reciente operación militar en Venezuela. El presidente Donald Trump afirmó que el país sudamericano entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos, en lo que calificó como un acuerdo con las autoridades provisionales venezolanas tras la captura de Nicolás Maduro y el reacomodo del poder en Caracas.
A través de su red Truth Social, Trump aseguró que se trata de petróleo “de alta calidad” y que su comercialización generará ingresos que estarán bajo su control directo. Según el mandatario, el crudo se venderá a precios de mercado y los recursos serán administrados por Washington con el argumento de garantizar beneficios tanto para el pueblo venezolano como para Estados Unidos.
De acuerdo con estimaciones del mercado, el volumen anunciado equivale aproximadamente a la producción de uno o dos meses de la industria petrolera venezolana, actualmente limitada a cerca de un millón de barriles diarios. A precios actuales del West Texas Intermediate, el valor del petróleo comprometido podría superar los 2 mil 800 millones de dólares, según cálculos de analistas citados por agencias financieras.
La industria petrolera de Venezuela enfrenta severas restricciones operativas tras años de sanciones y falta de inversión. Antes de la crisis, el país llegó a producir más de tres millones de barriles diarios, pero hoy depende en gran medida de envíos a China mediante intermediarios para evadir sanciones, así como de exportaciones limitadas a Estados Unidos a través de Chevron, que mantiene operaciones en el país caribeño.

Trump afirmó que, para cumplir con el acuerdo, Venezuela reducirá envíos a otros clientes, particularmente a China, y priorizará el suministro hacia refinerías estadounidenses. Además, confirmó que solicitó al secretario de Energía, Chris Wright, ejecutar de inmediato el plan logístico para transportar el crudo en buques de almacenamiento hacia puertos en Estados Unidos.
En paralelo, el presidente estadounidense reiteró que su gobierno busca abrir completamente la industria petrolera venezolana a las grandes compañías privadas de su país. Señaló que petroleras estadounidenses invertirán miles de millones de dólares para rehabilitar infraestructura deteriorada y aumentar la producción, lo que considera clave para estabilizar el sector energético venezolano.
El anuncio tuvo efectos_toggle inmediatos en los mercados internacionales. Los precios del petróleo registraron caídas ante la expectativa de un aumento en la oferta global, mientras que analistas de bancos como UBS y Morgan Stanley advirtieron que el mercado podría enfrentar un superávit de hasta tres millones de barriles diarios durante el primer semestre de 2026.
En contraste, los bonos soberanos venezolanos mostraron avances, impulsados por la percepción de un posible relajamiento de sanciones y mayor flujo de ingresos petroleros. Sin embargo, persisten dudas sobre la capacidad real de Venezuela para incrementar rápidamente su producción y sobre el impacto político de que Estados Unidos controle directamente los ingresos derivados del petróleo del país sudamericano.
