Delcy Rodríguez juró como presidenta encargada de Venezuela ante la Asamblea Nacional, al inicio de una nueva legislatura parlamentaria marcada por la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses. La exvicepresidenta asumió el cargo bajo la figura de continuidad constitucional, en un contexto de alta tensión política, militar y diplomática, y se convirtió en la primera mujer en ejercer la presidencia del país.
Durante su juramento, Rodríguez afirmó que asumía la responsabilidad como vicepresidenta ejecutiva del presidente constitucional y denunció lo que calificó como una agresión militar ilegítima de Estados Unidos. Expresó dolor por la detención de Maduro y de la primera dama, Cilia Flores, pero aseguró que su gobierno buscará garantizar la paz, la estabilidad política y la tranquilidad social, en medio de una crisis que definió como extraordinaria.
En su primer mensaje público, llamó a la unidad nacional y exhortó a los sectores políticos y económicos a sumarse a un esfuerzo común para sostener al país. Citó a Simón Bolívar para comprometerse con un gobierno orientado a la felicidad social y la seguridad política, mientras miles de simpatizantes del chavismo se manifestaban en Caracas para exigir la liberación de Maduro.

El respaldo simbólico más relevante provino de Nicolás Ernesto Maduro Guerra, hijo del expresidente, quien sostuvo la Constitución durante el juramento y expresó apoyo incondicional a Rodríguez. En su discurso, afirmó que el chavismo se mantiene unido y que el país “está en buenas manos”, descartando fracturas internas pese a las versiones sobre tutela de Washington sobre el nuevo gobierno.
La Asamblea Nacional mostró una imagen de cohesión al ratificar a Jorge Rodríguez como presidente del Parlamento y mantener intacta casi toda su junta directiva. Incluso legisladores opositores llamaron a la unidad, la paz y a un gran pacto nacional, planteando la liberación de presos políticos y acuerdos de largo plazo para evitar una mayor desestabilización.
En contraste con el discurso interno, Rodríguez adoptó un tono conciliador hacia Estados Unidos en su primera comunicación oficial, al proponer una agenda de cooperación basada en la legalidad internacional y el respeto mutuo. El mensaje marcó un giro respecto a la retórica tradicional del chavismo, al priorizar el diálogo y una relación equilibrada con Washington tras el operativo militar que dejó decenas de víctimas.

Donald Trump respondió con un discurso de presión abierta, al afirmar que Estados Unidos “está a cargo” de Venezuela y exigir acceso total a los recursos del país, en particular al sector petrolero. El mandatario estadounidense advirtió que, si las nuevas autoridades no cumplen sus demandas, podría haber un segundo ataque, y aseguró que Rodríguez podría enfrentar consecuencias mayores que las de Maduro.
La presidencia interina de Rodríguez inicia así bajo un escenario complejo, con un plazo máximo de 180 días para convocar a elecciones, presiones internacionales, demandas energéticas de Estados Unidos y el reto de mantener la cohesión del chavismo. Analistas coinciden en que su estrategia buscará ganar tiempo, negociar desde el frente petrolero y administrar una transición controlada sin ceder el poder político.
