A dos años de la masacre ocurrida en la ex Hacienda de San José del Carmen, Salvatierra volvió a vestirse de luto para honrar la memoria de los 11 jóvenes asesinados durante una posada navideña. Familiares y amigos se reunieron en el templo de Nuestra Señora de la Luz, donde una celebración eucarística marcó un momento de recogimiento, memoria y dolor compartido por una comunidad que aún no logra cerrar la herida.

El templo se llenó para recordar a Héctor Almaraz, Marco Antonio López, Irving Ruiz, Antonio Sánchez, Macarena Becerril, David Hernández, Galileo Almanza, Thalía Cornejo, José Alberto Ramírez, Emiliano Vargas y Juan Luis García. Durante la homilía, el sacerdote reflexionó sobre la violencia persistente en el país y el sufrimiento que miles de familias enfrentan, subrayando que la tragedia de Salvatierra es reflejo de una crisis más amplia.

Al concluir la misa, los asistentes lanzaron al cielo 11 globos blancos en forma de paloma como símbolo de paz, memoria y descanso eterno. En un gesto de agradecimiento y solidaridad, los familiares compartieron pan con la comunidad, recordando en especial a Héctor Almaraz Rivera, el más joven del grupo, quien tenía apenas 16 años al momento del ataque.

La conmemoración también tuvo un acto simbólico encabezado por el Gobierno Municipal, que apagó el árbol navideño instalado en la explanada del Carmen. En su base se colocaron velas encendidas como señal de luto, homenaje y exigencia de justicia por los hechos ocurridos el 17 de diciembre de 2023, cuando la violencia interrumpió una celebración que apenas comenzaba.

Mientras la memoria se mantiene viva, la ex Hacienda de San José del Carmen permanece cerrada y marcada por la violencia. Aún son visibles los impactos de bala de armas de alto poder en sus muros, testigos silenciosos de un ataque que dejó 11 muertos y 14 heridos, además de vehículos incendiados. Las autoridades aseguraron 195 elementos balísticos, aunque los daños sugieren una agresión de mayor magnitud.

Las secuelas del ataque persisten entre los sobrevivientes y las familias. Algunos heridos continúan con tratamientos médicos por esquirlas alojadas en el cuerpo, mientras que al menos seis personas pidieron asilo político en Estados Unidos tras recibir amenazas. El miedo ha impuesto silencio y ha limitado la exigencia pública de justicia, ante la percepción de que los responsables siguen libres.

A dos años de la masacre, las familias coinciden en que no hay avances sustanciales en las investigaciones. Aunque se reportaron detenciones iniciales, persiste la sensación de impunidad y abandono institucional. En Salvatierra, el recuerdo de los 11 jóvenes se mantiene firme, mientras la verdad y la justicia continúan pendientes.

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