La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos advirtió que la economía mexicana enfrenta un freno estructural derivado de una productividad estancada, incertidumbre regulatoria y riesgos externos que amenazan el crecimiento del país. Durante la presentación de sus perspectivas regionales, el organismo subrayó que México mantiene un avance del PIB inferior al potencial, afectado por factores domésticos y globales que limitan la inversión y el desempeño económico. Las proyecciones recortadas para 2025 y 2026 confirman el escenario de moderación.
El análisis señaló que elevar la productividad sigue siendo la tarea pendiente más relevante para impulsar la expansión económica, lo que requiere fortalecer los ingresos tributarios, mejorar la eficiencia del gasto público y ampliar la inversión en educación e infraestructura. La OCDE destacó que México necesita implementar reformas que permitan avanzar en digitalización, simplificación regulatoria y modernización institucional para dinamizar el ambiente de negocios. Estos cambios podrían ofrecer beneficios de corto plazo si se ejecutan de manera coordinada entre Federación, estados y municipios.
La incertidumbre generada por reformas institucionales recientes se colocó como uno de los principales factores que frenan la inversión privada, especialmente entre pequeñas y medianas empresas. La reforma judicial y la desaparición de organismos autónomos han generado dudas sobre la estabilidad regulatoria, afectando la toma de decisiones de largo plazo. Aunque la economía mantiene niveles bajos de desempleo e inflación controlada, la cautela de inversionistas nacionales y extranjeros persiste.
El organismo internacional también recortó sus proyecciones de crecimiento para México, previendo una expansión del PIB de 0.7 por ciento en 2025, 1.2 por ciento en 2026 y 1.7 por ciento en 2027. Este ajuste refleja una combinación de factores como la reducción del consumo privado, la moderación del empleo formal y la permanencia de un clima de elevada incertidumbre. Las exportaciones automotrices han perdido fuerza, aunque las manufacturas no automotrices siguen mostrando resiliencia gracias a la demanda de Estados Unidos.
Otro factor de riesgo clave es la posible desaceleración de la economía estadounidense, principal socio comercial de México y motor de sus exportaciones. La OCDE subrayó que un freno mayor al previsto tendría un impacto significativo sobre el comercio exterior mexicano, especialmente en industrias dependientes de cadenas globales de valor. A ello se suma el efecto de los aranceles que podrían mantenerse o ampliarse en los próximos años, elevando costos y presionando los precios.
A pesar de los retos, el organismo consideró que un entorno internacional más estable y una renegociación exitosa del T-MEC podrían generar un impulso adicional para la inversión y las exportaciones. También identificó oportunidades en la consolidación fiscal, la reducción gradual de tasas de interés y la educación vocacional como herramientas para mejorar la inserción laboral y la competitividad. Estas medidas permitirían aprovechar mejor el nearshoring y fortalecer sectores estratégicos.
Finalmente, la OCDE llamó a México a acelerar las reformas que impulsen la productividad, reduzcan la incertidumbre y fortalezcan la gobernanza institucional. Recomendó mejorar la recaudación del impuesto inmobiliario, digitalizar la administración tributaria y ampliar los sistemas de alerta temprana climática para enfrentar riesgos crecientes. El organismo insistió en que el país cuenta con el potencial para crecer más, siempre que logre estabilidad regulatoria, certeza jurídica e inversión sostenida en capital humano.
