La presidenta Claudia Sheinbaum envió a la Cámara de Diputados dos iniciativas que buscan modernizar las monedas de 10 y 20 pesos mediante cambios en sus materiales y diseños, con el objetivo de abaratar su producción y facilitar su circulación en el país. Las propuestas, turnadas a la Comisión de Hacienda, parten de diagnósticos del Banco de México y de consideraciones técnicas sobre el incremento en el costo de los metales utilizados actualmente.
En el caso de las monedas de 20 pesos, el Ejecutivo federal propone reemplazar las múltiples ediciones conmemorativas por un diseño estándar de circulación permanente. Dicho modelo incluiría como imagen principal el Castillo de Kukulkán, en la zona arqueológica de Chichén Itzá, declarado patrimonio mundial por la Unesco en 1988. El propósito es incentivar su uso cotidiano, pues diversos estudios demostraron que gran parte de la población conserva las versiones conmemorativas como piezas de colección en lugar de ponerlas en circulación.
Los diagnósticos también revelaron que, aun cuando la mayoría de los mexicanos identifica las monedas de 20 pesos, sólo la mitad sabe que conmemoran algún hecho histórico y 81 por ciento no recuerda el diseño específico. Por ello, el nuevo modelo incorporará una denominación “$20” más grande para facilitar su reconocimiento, especialmente para adultos mayores y personas con discapacidad visual, manteniendo su forma dodecagonal y canto estriado discontinuo.

Respecto a las monedas de 10 pesos, la propuesta plantea sustituir la aleación actual de alpaca plateada —compuesta por 65 por ciento de cobre, 10 por ciento de níquel y 25 por ciento de zinc— por una mezcla de acero con recubrimiento de níquel en su centro. Este cambio no modificaría el diseño ni las dimensiones de la pieza, pero sí reduciría significativamente su costo de fabricación, particularmente porque el precio del cobre aumentó 82 por ciento en los últimos cinco años, encareciendo la producción.
La iniciativa destaca que la opción basada en acero resulta hasta 60 por ciento más barata que la aleación vigente, considerando únicamente el costo de los metales, lo que permitiría mantener la eficiencia en la acuñación sin alterar la apariencia o el reconocimiento de la moneda. Este ajuste también responde a la necesidad de adaptar los procesos de producción ante la volatilidad en los mercados de materias primas y el desarrollo de nuevas tecnologías.
Ambas propuestas avanzan hacia una modernización gradual del circulante mexicano, con la intención de fortalecer su disponibilidad en el uso cotidiano y asegurar que su fabricación sea sostenible en el largo plazo. La Cámara de Diputados deberá ahora analizar los dictámenes y determinar los pasos siguientes para concretar los cambios a la Ley Monetaria.
