La contienda presidencial en Honduras entró en una fase crítica luego de que el Consejo Nacional Electoral confirmara un empate técnico entre Nasry “Tito” Asfura y Salvador Nasralla, ambos ubicados alrededor del 40 por ciento de los votos. Con 57 por ciento de las actas procesadas digitalmente y apenas 515 sufragios de diferencia, el organismo pidió calma ante el retraso del escrutinio manual, que quedó suspendido por una falla técnica la medianoche del domingo.
El escenario ha captado la atención internacional por el papel que asumió el presidente estadounidense Donald Trump, quien respalda abiertamente a Asfura. Desde sus redes, exigió que se complete el conteo y advirtió sobre “graves consecuencias” si los resultados “son cambiados”. Sus declaraciones tensaron aún más un proceso electoral marcado por sospechas de fraude y una profunda polarización política.
Las campañas de Asfura y Nasralla se centraron en frenar la continuidad de la izquierda encabezada por la presidenta Xiomara Castro, quien gobierna desde 2021 tras una década de disputas internas. Ambos aspirantes de derecha aseguraron que un triunfo oficialista convertiría a Honduras en “la nueva Venezuela” y ofrecieron fortalecer la relación con Taiwán, lo que implicaría un giro respecto al acercamiento a China promovido por Castro.
A lo largo del domingo, las proyecciones preliminares favorecieron inicialmente a Asfura, pero la distancia se redujo conforme avanzó el procesamiento de actas. Nasralla afirmó que sus números internos le dan una ventaja de cinco puntos, mientras Asfura insistió en que “los números hablarán por sí solos”. Ninguno reconoció una tendencia definitiva y ambos llamaron a sus seguidores a “defender cada voto”.

En este ambiente, la candidata oficialista Rixi Moncada quedó relegada al tercer sitio con alrededor del 19 por ciento y acusó irregularidades. Trump la señaló como cercana al presidente venezolano Nicolás Maduro y a “narcoterroristas”, lo que elevó la confrontación discursiva y abrió un nuevo frente de tensión geopolítica en la región.
El proceso electoral ocurre en un país marcado por altos índices de pobreza, violencia y corrupción. Ciudadanos expresaron hartazgo y desconfianza hacia toda la clase política, recordando que la ley hondureña no contempla segunda vuelta: quien obtenga mayoría simple gobernará de 2026 a 2030. “Sólo ladrones nos gobiernan”, reclamó un votante desencantado en Tegucigalpa.
La sombra del expresidente Juan Orlando Hernández también se asomó en la jornada luego de que Trump prometiera indultarlo si vuelve al poder. Hernández cumple una condena de 45 años en Estados Unidos por narcotráfico y formó parte del mismo partido político de Asfura, lo que reavivó críticas sobre la influencia criminal en las estructuras gubernamentales.
Mientras el escrutinio continúa bajo presión nacional e internacional, Honduras enfrenta horas decisivas que podrían definir no solo a su próximo mandatario, sino el rumbo diplomático y económico del país en un momento de profunda desconfianza ciudadana. El desenlace dependerá del avance del conteo manual, cuyo plazo sigue sin aclararse.
