La economía mexicana enfrenta un panorama más frágil para 2025, luego de que el Banco de México redujo su expectativa de crecimiento de 0.6 a 0.3 por ciento, tras el retroceso de 0.29 por ciento observado en el tercer trimestre del año. En su informe trimestral, la gobernadora Victoria Rodríguez Ceja explicó que el debilitamiento del Producto Interno Bruto respondió principalmente a la caída en la producción industrial, afectada por la incertidumbre comercial y el endurecimiento de políticas arancelarias en Estados Unidos.
El banco central mantuvo sin cambios su estimación de crecimiento para 2026 en 1.1 por ciento e incluyó por primera vez su expectativa para 2027, que ubicó en 2 por ciento. Sin embargo, advirtió que este horizonte está condicionado a que disminuya la volatilidad internacional y mejore la relación comercial con el principal socio económico de México. El intervalo de crecimiento proyectado para 2025 va de 0.1 a 0.5 por ciento, lo que confirma un entorno más retador para la economía nacional.
Banxico detalló que el retroceso de la actividad económica en el tercer trimestre vino acompañado de señales mixtas: mientras las actividades primarias y terciarias crecieron, las secundarias sufrieron una contracción que superó las previsiones, presionando a la baja las expectativas de cierre de año y el arranque de 2025. La institución señaló que este desempeño ocurre en un contexto de elevada incertidumbre global, vinculada a tensiones geopolíticas y cambios en las cadenas de suministro.

Entre los riesgos que podrían agravar el panorama, el banco central destacó una posible intensificación de la incertidumbre comercial en Estados Unidos, episodios de volatilidad financiera internacional o condiciones meteorológicas adversas que afecten la actividad en sectores estratégicos. Banxico advirtió que la inversión podría mantenerse débil al menos hasta el segundo semestre de 2026, debido a la falta de claridad sobre la revisión del T-MEC y los ajustes que pueda implicar para las exportaciones mexicanas.
Rodríguez Ceja subrayó que la economía mexicana podría enfrentar presiones adicionales si el crecimiento estadounidense resulta menor al esperado, lo que reduciría la demanda externa y afectaría la industria nacional. Al mismo tiempo, reiteró que la política comercial de Washington podría modificar los flujos de inversión y alterar la dinámica del nearshoring, uno de los principales motores de competitividad recientes.
No obstante, el informe también contempla escenarios al alza. Una mayor certidumbre en la relación bilateral con Estados Unidos, un mejor aprovechamiento del T-MEC y un incremento en la competitividad de productos mexicanos podrían impulsar las inversiones durante los próximos años. Banxico señaló que, en un entorno de estabilización global, México estaría en posición de beneficiarse de la reconfiguración de los procesos productivos a nivel internacional.
El banco central enfatizó que la evolución de la economía dependerá en gran medida del ritmo de recuperación de la producción industrial, sector que sufrió el mayor impacto en el último trimestre. Una mejora en ese rubro, combinada con una mayor dinámica en el consumo privado, podría suavizar la desaceleración prevista para el arranque de 2025.
En los próximos meses, Banxico prevé que los factores de incertidumbre sigan influyendo en la toma de decisiones tanto de empresas como de consumidores. Por ello, insistió en la importancia de monitorear los riesgos globales y fortalecer las condiciones internas que permitan amortiguar impactos externos. El análisis puntual del organismo concluye que, si bien el balance de riesgos permanece sesgado a la baja, existen elementos que podrían impulsar un crecimiento mayor al previsto.
