Cinco unidades de las Fuerzas Especiales (FES) de la Secretaría de Marina serán desplegadas en Michoacán como parte del Plan por la Paz y la Justicia, con la misión de ubicar y capturar a los principales líderes del crimen organizado que operan en la entidad. Fuentes federales confirmaron que estos grupos de élite intervendrán solo cuando se localice el paradero de cabecillas del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), La Familia Michoacana, Los Viagras, Los Caballeros Templarios y Los Blancos de Troya. Su objetivo, dijeron, será “detener y extraer” a los jefes criminales para su traslado ante la Fiscalía General de la República (FGR) y su ingreso a penales de máxima seguridad.

Entre los principales objetivos figuran William Edwin Rivera Padilla, alias “El Barbas”, operador del CJNG bajo las órdenes de Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”; Nicolás y Gabino Sierra Santana, líderes de Los Viagras y señalados por el homicidio del exfundador de las autodefensas Hipólito Mora Chávez; así como César y Andrés Sepúlveda, “El Botox” y “El Fresa”, cabezas de Los Blancos de Troya. A ellos se suman los hermanos Ramón y Rafael Álvarez Ayala, “El R1” y “El R2”, cercanos a “El Mencho”, además de Alan Martínez Durán, “El Primo”, considerado uno de los delincuentes más violentos de la región de Zinapécuaro.

Las unidades especiales, con preparación en francotiradores, explosivos y operaciones de rescate, contarán con el respaldo de mil 781 elementos, siete compañías de infantería y cinco equipos de neutralización de explosivos (Blonae). También operarán cinco drones de reconocimiento y patrullas navales que vigilarán la costa del Pacífico, especialmente en Lázaro Cárdenas y Arteaga, donde el tráfico marítimo es clave para las rutas de drogas y precursores químicos. Además, realizarán labores de inteligencia para desmantelar laboratorios clandestinos y campos de entrenamiento del crimen organizado.

El despliegue forma parte del Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, presentado por el gobierno federal con una inversión de 57 mil millones de pesos y la participación de más de 10 mil militares. La estrategia busca contener la violencia mediante una combinación de fuerza e inversión social, aunque especialistas advierten que podría repetir errores del pasado. Según el investigador Salvador Maldonado, del Colegio de Michoacán, “el riesgo es que el operativo sea solo una reacción temporal sin consolidar estructuras locales de seguridad”.

Michoacán enfrenta actualmente una de las crisis más graves de violencia del país. En municipios de Tierra Caliente como Apatzingán, Tepalcatepec y Buenavista, se registran enfrentamientos frecuentes entre el CJNG y Cárteles Unidos, alianza que agrupa a remanentes de Los Viagras, La Familia Michoacana y los Caballeros Templarios. En la costa, la Nueva Familia Michoacana disputa con el CJNG el control de rutas de narcotráfico, mientras que en el norte y oriente surgen nuevos grupos dedicados a la extorsión rural y el robo en zonas mineras.

El gobierno de Claudia Sheinbaum pretende con este plan “recuperar la paz desde las comunidades” mediante acciones de seguridad, infraestructura y programas sociales. Sin embargo, líderes locales como el diputado priista Guillermo Valencia lo califican como “una operación de imagen”, al considerar que los recursos ya estaban presupuestados. “No hay nada nuevo, y lo militar no ha resuelto el fondo del problema”, advirtió.

Históricamente, Michoacán ha sido el laboratorio de las estrategias federales de seguridad. Desde la “Operación Limpieza” de Felipe Calderón hasta los intentos de institucionalizar autodefensas en el sexenio de Peña Nieto, las intervenciones militares no han frenado el poder de las organizaciones criminales. Analistas coinciden en que, sin fortalecer policías locales ni atender la raíz económica del delito, el nuevo operativo podría convertirse en otro intento fallido más en una larga lista.

Mientras tanto, los pobladores michoacanos esperan que el despliegue naval y militar, junto con las promesas de inversión, marquen un punto de inflexión real en la pacificación del estado, aunque la sombra del escepticismo sigue pesando sobre una tierra acostumbrada a vivir entre el fuego cruzado de los cárteles y las promesas incumplidas del gobierno.

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