Palabras Mayores

La condición de partido hegemónico es un fantasma en la vida política de México. Aunque era negativa, era la opción para ir erradicando la costumbre de caudillos transexenales y para ir creando instituciones.

Al menos así fue desde Plutarco Elías Calles hasta José López Portillo, todos bajo un mismo paraguas: el PRI. Fue hasta 1977 que un veracruzano como pocos, Don Jesús Reyes Heroles, hizo ver al presidente López Portillo no solo la justificación ética, sino la conveniencia de abrir las puertas de la representación parlamentaria a otros partidos políticos. Así, a través de una ambiciosa reforma política —la LOPPE, Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales— nacieron los plurinominales, fruto de la alta sapiencia, de la buena fe y de la vocación democrática.

Esto significaba que, fuera cual fuera el resultado en las urnas, todos los partidos tendrían representantes en el Congreso, con un doble propósito: en primer término, garantizar representatividad a las minorías; en segundo, que nadie pudiera obtener por sí solo las dos terceras partes necesarias para reformar la Constitución. La idea era obligar al partido mayoritario a obtener consensos con las otras fuerzas políticas.

Esto último fue tremendamente desvirtuado con la sobrerrepresentación que el Tribunal Electoral le dio a Morena y aliados en 2024, así como con la promiscuidad política con que unos y otros van y vienen de partido en partido.

Hoy Morena propone eliminar los plurinominales bajo un argumento muy atractivo: “Nadie votó por ellos”. ¿Quién podría estar en contra de algo así? El problema de fondo es que cada día será más difícil ganarle al partido gobernante y tener alguna incidencia en el Congreso. La tentación de volver a tener de iure lo que ya tienen de facto —las supermayorías— es muy grande y, paradójicamente, también habla de enanismo político, no por parte de la oposición, sino de ellos mismos. Reyes Heroles entendió la pluralidad como un barniz de legitimidad; Morena la entiende como una plaga que debe ser borrada.

Lo irónico de esta reforma es que quienes buscan llevarla a cabo fueron los mayores beneficiarios del legado de la LOPPE. Quién lo diría: la construcción de la democracia requirió un gigante como Reyes Heroles; para su destrucción, basta con Pablo Gómez, Pepe Merino, Arturo Zaldívar, Jesús Ramírez Cuevas y Rosa Icela Rodríguez.

Al respecto, dos preguntas:

  1. En un mundo imaginario, si el día de mañana volviera a ganar el PRI, ¿Morena aceptaría estas reglas del juego?
  2. ¿El Partido Verde y el PT van a morder esta manzana envenenada?

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